Rescate felino

De JarfilGatos

Estas técnicas a utilizar con gatos con problemas de salud, destinadas a aliviarles el sufrimiento e incomodidades que necesariamente producen determinados procedimientos médicos.

ADVERTENCIA: La aplicación de estas técnicas no sustituye la opinión de un experto. Siempre que tengas dudas sobre la salud de un gato, consulta con un veterinario.
Estas técnicas sólo sirven de apoyo -nunca de sustitución- para el tratamiento médico correspondiente.

Tabla de contenidos

El caso de Melisa

Una gata callejera de 5-6 meses, se observa que estornuda, tiene problemas para respirar y está notablemente debilitada. Tras atraparla y llevarla al veterinario, se le administra antibiótico y anti-inflamatorio. Tras un día en observación, se lleva a casa para observar su evolución.

Desde el principio, se muestra hostil hacia las personas; bufando, sacando las uñas y situándose en posición de ataque nada más ver a una persona. Queda encerrada en el baño dentro del transportín, con la puerta del transportín abierta, la luz encendida todo el tiempo y una mitad del transportín cubierta con una toalla (para que tenga un refugio más oscuro). Se le pone arena, agua y distintos tipos de comida (paté, carne picada fresca, pescado fresco desmenuzado, un poco de atún en aceite).

Tras un día, no se observa que haya comido mis e haya aseado, aunque poco a poco deja de bufar al entrar gente en el baño. Se esconde en el transportín, y sólo se muestra hostil al intentar acercarle la mano (a unos 15-20cm).

Tras otro día, sigue sin observarse que haya comido, y se le nota aún más debilitada. Se decide proceder a domesticarla con el fin de tener una base desde la que partir y poder convencerla para que coma.

Primer contacto

Con una mano envuelta en tres capas de toalla hasta el codo (una toalla grande de algodón con textura rugosa), poniendo especial énfasis en proteger los dedos aunque dejando un resto de libertad de movimientos, se procede a tocarla.

Para ello, se abre la rejilla de la parte de arriba del transportín (modelo con puerta delantera y rejilla superior para facilitar el acceso).

La gata, reacciona bufando, escondiéndose en un rincón del transportín y tumbándose de lado para poder levantar las patas y atacar. Ante cada movimiento amenazante de la gata, se deja de mover la mano; este procedimiento sólo sirve en la situación inicial, pues de aprenderlo la gata reconocería que puede "controlar" el peligro simplemente mostrando agresividad, lo cual no queremos.

Se acerca la mano (envuelta en toalla) a la gata y -como era de esperar- responde clavando las uñas, mordiendo e intentando desgarrar. Afortunadamente, debido a su estado debilitado y a las capas de toalla, no consigue dañar la mano. Se mantiene la mano inmóvil en la última posición que ha atacado, esperando a que se tranquilice y la suelte.

Se observa que la gata se ha cansado cuando empieza a soltar la toalla y lamerse la nariz en señal de nerviosismo; desconcertada por la ineficacia de su ataque.

En ningún momento, bajo ningún concepto, se ha retirado la mano; no se debe permitir que piense que su ataque es efectivo.

Una vez calmada un poco, sin dejarle demasiado tiempo para pensarlo, se procede a acercar la mano más aún. La gata vuelve a atacar, aunque esta vez con menor convicción. Se vuelve a dejar de mover la mano, dejando que ataque, se harte y vuelva a observar que no ha servido de nada.

Muy lentamente, se mueve la mano en dirección al lomo/cuello detrás de las orejas (teniendo mucho cuidado de no tocar las orejas) para acariciarla suavemente. La gata deja acariciarse un poco, aunque en seguida vuelve a atacar otra vez, por lo que se deja de mover la mano.

Este ciclo de "acercar, atacar, pararse, cansarse, volver a mover" se repite unas 3 veces, hasta que la gata apenas clava una zarpa al atacar (a diferencia de las cuatro patas y la boca del principio). En este momento se la agarra del cuello (ver agarrar del cuello) y se la saca del transportín.

Rápidamente -en un movimiento fluido, sin brusquedad- se deposita a la gata en el suelo junto al transportín. Al verse en un entorno hostil sin la protección del transportín, la gata se muestra asustada; bufa, se lame, menea la cola nerviosamente y busca un lugar donde esconderse.

Finalmente, decide esconderse entre el transportín y la pared. Se procede a apartar un poco el transportín para facilitarle meterse en el hueco, y al mismo tiempo reducir la cantidad de protección que le ofrece el hueco. No se debe dejar sitios para que la gata se esconda demasiado bien, pues en ese caso acabaría aprendiendo a esconderse.

Paciencia

Una vez la gata está "medio escondida", se procede a una "lucha de paciencia" intentando que la gata:

  • se calme
  • tome la iniciativa

Tras unos 4-5 minutos de espera, la gata deja de estar tensa y se acomoda en su posición.

Tras otros 1-2 minutos, visto que la gata no toma la iniciativa, se procede a acercarle la mano (con toalla) desde la parte de atrás, dejando en todo momento espacio para que escape.

Esta vez no reacciona hasta que se la toca, momento en el que -como era de esperar- sale corriendo hacia adelante y salta adentro de la bañera.

Al caer en la bañera (vacía, sin agua), la gata siente pánico e intenta salir. Dado que es pequeña y está debilitada, sólo consigue que las uñas le resbalen por los lados, sin poder agarrarse. Se estima que una ayuda en este momento sería contraproducente además de peligrosa (por las uñas descontroladas) por lo que se espera a que la gata se calme.

Tras unos intentos de salir, y tras hacer caer unos botes de champú adentro de la bañera lo cual se ignora, la gata se resigna y se sienta en el fondo.

Al haber contacto visual con la gata, se le indica con los ojos que "no pasa nada", tanto entrecerrándolos en su dirección como desviando la mirada y simulando que una acción de lavado (lamerse los labios, simular lamerse la mano, bostezar, etc). Esta rutina se repite unas dos veces, hasta que la gata se vuelve a relajar y acomodar en su posición.

Una vez relajada, se deja pasar otro medio minuto antes de seguir.

Se le acerca la mano, a lo que la gata responde bufando e intentando huir. Se retira la mano sin más.

La gata intenta otra vez salir por sí misma de la bañera, y no lo consigue.

Otra vez se espera a que se relaje, esta vez se deja 15 segundos de descanso en vez de medio minuto, y se vuelve a acercar la mano.

La gata bufa, pero no intenta escapar. Se la acaricia un par de veces ligeramente con la mano con toalla, mientras la gata sigue bufando regularmente, aunque ya sin atacar.

Se deja descansar unos 15 segundos, y se vuelve a acercar la mano y repetir la rutina de acariciar. La gata sigue bufando, aunque con menos convencimiento.

Se vuelve a dejar descansar otros 15 segundos y, esta vez, tras acariciarla una vez se la agarra del cuello y con un movimiento fluido se la saca de la bañera depositándola en la arena.

Curiosamente, la gata hace sus necesidades nada más sentarse en la arena, aunque no las entierra ni se mueve del sitio.

Se esperan unos 2-3 minutos mientras la gata sigue sentada en la arena, y se decide que "la arena es buena" es una buena lección que enseñarle, por lo que se sale del baño y se la deja a solas (se retira el "elemento enemigo").

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